domingo, 28 de diciembre de 2014

Los trece “secretos”, protocolo y etiqueta en la espada de Tai Chi.

Carlos Santana Tai Chi Espada

A. Las partes principales de la espada de Tai Chi.
En la espada de Tai Chi se pueden diferenciar dos partes principales, la empuñadura y la hoja. La EMPUÑADURA consta, a su vez, del pomo (que se utiliza para golpear), del mango (lugar en el que se coloca la mano para asir la espada), la guardia (su finalidad principal es proteger a quien la esgrime del corte de la espada del contrincante parando sus ataques) y, frecuentemente, de unas borlas que cuelgan del pomo y que se usan para distraer la atención del contrario o simplemente para entorpecer su visión acercándolas a sus ojos. Por lo que se refiere a la HOJA, es plana, estando sus dos caras afiladas (filos externo e interno) respetando un nervio central y finalizando en una punta, también afilada, cuya finalidad es pinchar al contrario.
B. Nociones de protocolo y etiqueta para el uso de la espada de Tai Chi.
A la hora de empuñar y utilizar la espada, incluso si se trata de una inofensiva espada de entrenamiento, debe hacerse siempre como si estuviera afilada y tuviera punta. Estas dos características esenciales de la espada, así como su correcta conservación, determinan no sólo el modo correcto de ejecución de los movimientos de quien la esgrime, sino también todo el protocolo y etiqueta asociado a su uso.
Al entregar la espada a otra persona sin ningún ánimo de afrenta, el arma debe ofrecerse suspendida horizontalmente en equilibrio sobre las palmas de las manos abiertas de quien la ofrece. De este modo, el que la recibe tendrá libre la empuñadura para poder tomarla y tanto sus manos como las de quien se la entrega estarán a salvo de cualquier corte que pudiera producirse accidentalmente.
Para sostener la espada sin intención de usarla contra ningún adversario ni de entregársela a otra persona, ha de mantenerse en posición vertical con su punta hacia arriba. Su peso debe descansar sobre la parte interior de los dedos que se sitúan en la parte externa de la guardia de modo que la palma de la mano toca la empuñadura y el dedo pulgar y el índice, este último extendido a lo largo de la empuñadura, consigan mantenerla en equilibrio. Así, la parte plana de su hoja estará justo detrás de la parte interior del brazo, lo suficientemente alejada para que su filo no toque la piel de quien la sostiene pero, al mismo tiempo, lo suficientemente próxima como para que ninguno de sus filos ni su punta puedan dañar accidentalmente a quienes estén a su lado.
Cuando el objetivo es iniciar o proseguir un enfrentamiento, quien esgrime la espada debe sujetarla por su empuñadura, con la punta siempre señalando a su contrincante. De este modo, se mostrará listo para utilizarla contra su objetivo.
El filo de la espada nunca debe pasarse por encima de la cabeza de quien la esgrime, porque con ello estaría destruyendo el imaginario hilo de energía que el une con el cielo. Tampoco debe clavarse en el suelo.
A la hora de empuñar la espada debe hacerse con suavidad pero con firmeza y asegurándose de que la muñeca esté siempre relajada, evitando cualquier rigidez que podría restar fluidez y, con ello, efectividad a sus movimientos. Del mismo modo que sostendríamos una mariposa en nuestras manos si deseáramos conservarla con todo el esplendor que su vida nos ofrece.
La intención de quien la esgrime, siempre centrada en su objetivo, debe guiar sus movimientos en todo momento.
Los movimientos de la espada, y consecuentemente de quien la esgrime, han de ser fluidos, sin gestos bruscos ni posiciones rígidas. En este sentido, la espada puede concebirse como un dragón cuya cabeza sería la empuñadura de la espada (desde donde se inicia el movimiento) y cuyo extremo final de la cola se situaría en la punta de la espada. Así, la energía, que comienza en la empuñadura con un movimiento de la muñeca, debe ser conducida y amplificada a medida que pasa por la espada hasta llegar a la parte de la misma en la que se desea realizar el contacto con el contrincante en un movimiento fluido que la recorre por completo sin fugas de energía. De igual modo, pero en sentido inverso, quien utiliza la espada para defenderse debe ser capaz de reconducir la energía que se mueve por la espada del contrario.
La mano que no empuña la espada debe adoptar la postura de “dedos en punta”. Para ello, los dedos índice y corazón se mantienen estirados y unidos mientras el anular y meñique se doblan hacia la palma de la mano donde el pulgar los sujeta a la altura del nacimiento de las uñas. Los movimientos de ambas manos deben ir coordinados, unas veces la mano con los dedos en punta copia como en un espejo los movimientos de la mano que sostiene la espada (como si sostuviera una espada imaginaria) y en otras ocasiones se acerca a la muñeca de la mano que empuña la espada para reforzarla.
C. Los trece “secretos” de la espada de Tai Chi.
Los trece “secretos” de la espada de Tai Chi hacen referencia a las trece técnicas básicas que, pudiendo combinarse de infinidad de modos diferentes, permiten canalizar la energía, tanto propia como del contrario, y responder a la intención de quien la esgrime.
1. Jī: Golpear
2. Cì: Apuñalar, clavar. El peso de todo el cuerpo acompaña a la espada en su avance.
3. Gé: Dividir, cortar.
4. Xĭ: Limpiar, apartar
5. Chōu: Corte horizontal con el filo de la espada de adelante hacia atrás aprovechando la inercia generada al abrir o cerrar los brazos.
6. Dài: Desviar, conducir activamente la espada del contrincante.
7. Tí: Elevar, movimiento ascendente que se puede aprovechar para pinchar al contrario.
8. Diăn: Pinchar, apuntar a un objetivo.
9. Péng: Expandir en todas las direcciones desplazando al contrario y/o su espada.
10. Pī: Partir (cortando desde arriba).
11. Jié: Interceptar
12. Jiăo: Agitar, puede usarse para esquivar la hoja de la espada del contrincante o para confundirle o distraer su atención antes del ataque (movimiento en remolino).
13. Yā: Presionar, aplastar la espada del contrario con nuestra hoja para dejar paso a nuestro ataque.
A la hora de practicar todas estas técnicas, resulta de gran utilidad utilizar métodos por parejas en los que se alternan ataques y defensas en secuencias armoniosas que permitan adquirir la fluidez que requiere el uso de este tipo de espada.
Por lo que se refiere a los ataques sobre el cuerpo del contrario, es preciso tener en cuenta que su finalidad puede ser múltiple, de forma que su objetivo y la técnica a utilizar varía de unos casos a otros. Así, si buscamos causar una herida que le provoque algún tipo de hemorragia grave, trataríamos de producirle un corte en las zonas del cuerpo donde sus arterias están más expuestas (en las articulaciones superiores, por ejemplo, nos dirigiríamos a las arterias cubital o radial), mientras que los vasos más profundos (como, por ejemplo, la arteria femoral) requerirían de un ataque mucho más certero con la punta de la espada. Otra posibilidad sería inmovilizar al oponente cortando sus tendones y así lograr inutilizar alguna de sus articulaciones, para hacerlo sería preciso provocarle un corte profundo, por ejemplo, en el dorso de la mano, o en la parte superior del empeine del pie, en el tendón de Aquiles, etc. Por último, podrían plantearse ataques dirigidos a órganos vitales para provocarle una muerte casi instantánea (por ejemplo, al corazón), que requerirían de una estocada muy precisa y con un elevado nivel de penetración de la espada en su cuerpo.
D. Reflexión final
El arte de la espada recta de doble filo que ahora nos ocupa, y que no puede ni debe practicarse al margen de los principios esenciales en los que se fundamenta el Tai Chi (continuidad en los movimientos, fusión entre la parte inferior y superior del cuerpo, distinción entre el lleno y el vacío, etc.), sin duda alguna supone mucho más que practicar Tai Chi con una espada entre las manos. Por otro lado, un ataque ejecutado conforme a una técnica incorrecta, aunque se dirija al punto exacto, será tan ineficaz como aquel que aplicando la técnica correcta se dirija al punto equivocado.
Un arma tradicional apasionante que absorbe a quien la practica y dota a todos sus movimientos de nuevas cualidades y calidades que sólo ella le puede ofrecer.
María de las Mercedes Molpeceres Abella

lunes, 22 de diciembre de 2014

El arte de la guerra. C A P I T U L O XII

El arte de la guerra. C A P I T U L O XII

Sobre el arte de atacar por el fuego
Existen cinco clases de ataques mediante el fuego: quemar a las personas, quemar los
suministros, quemar el equipo, quemar los almacenes y quemar las armas.
El uso del fuego tiene que tener una base, y exige ciertos medios. Existen momentos
adecuados para encender fuegos, concretamente cuando el tiempo es seco y ventoso.
Normalmente, en ataques mediante el fuego es imprescindible seguir los cambios
producidos por éste. Cuando el fuego está dentro del campamento enemigo, prepárate
rápidamente desde fuera. Si los soldados se mantienen en calma cuando el fuego se ha
declarado, espera y no ataques. Cuando el fuego alcance su punto álgido, síguelo, si
puedes; si no, espera.
En general, el fuego se utiliza para sembrar la confusión en el enemigo y así poder
atacarle.
Cuando el fuego puede ser prendido en campo abierto, no esperes a hacerlo en su interior;
hazlo cuando sea oportuno.
Cuando el fuego sea atizado par el viento, no ataques en dirección contraria a éste.
No es eficaz luchar contra el ímpetu del fuego, porque el enemigo luchará en este caso
hasta la muerte.
Si ha soplado el viento durante el día, a la noche amainará.
Un viento diurno cesará al anochecer; un viento nocturno cesará al amanecer.
Los ejércitos han de saber que existen variantes de las cinco clases de ataques mediante el
fuego, y adaptarse a éstas de manera racional.
No basta saber cómo atacar a los demás con el fuego, es necesario saber cómo impedir
que los demás te ataquen a ti.
Así pues, la utilización del fuego para apoyar un ataque significa claridad, y la utilización
del agua para apoyar un ataque significa fuerza. El agua puede incomunicar, pero no
puede arrasar.
El agua puede utilizarse para dividir a un ejército enemigo, de manera que su fuerza se
desuna y la tuya se fortalezca.
Ganar combatiendo o llevar a cabo un asedio victorioso sin recompensar a los que han
hecho méritos trae mala fortuna y se hace merecedor de ser llamado avaro. Por eso se
dice que un gobierno esclarecido lo tiene en cuenta y que un buen mando militar
recompensa el mérito. No moviliza a sus tropas cuando no hay ventajas que obtener, ni
actúa cuando no hay nada que ganar, ni luchan cuando no existe peligro.
Las armas son instrumentos de mal augurio, y la guerra es un asunto peligroso. Es
indispensable impedir una derrota desastrosa, y por lo tanto, no vale la pena movilizar un
ejército por razones insignificantes: Las armas sólo deben utilizarse cuando no existe otro
remedio.
Un gobierno no debe movilizar un ejército por ira, y los jefes militares no deben
provocar la guerra por cólera.
Actúa cuando sea beneficioso; en caso contrario, desiste. La ira puede convertirse en
alegría, y la cólera puede convertirse en placer, pero un pueblo destruido no puede
hacérsele renacer, y la muerte no puede convertirse en vida. En consecuencia, un
gobierno esclarecido presta atención a todo esto, y un buen mando militar lo tiene en
cuenta. Ésta es la manera de mantener a la nación a salvo y de conservar intacto a su
ejército.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Historia de un Buda

Carlos Santana.Historia de un Buda,

La Anciana Mendiga
En la época de Buda vivió una anciana mendiga llamada
―Confiar en la Alegría‖. Esta mujer observaba cómo reyes, príncipes y demás personas hacían ofrendas a Buda y sus discípulos, y nada le habría gustado más que poder hacer ella lo mismo.
Así pues, salió a mendigar, y después de un día entero sólo había conseguido una monedita. Fue al vendedor de aceite para comprarle un poco, pero el hombre le dijo que con tan poco dinero no podía comprar nada.
Sin embargo, al saber que quería el aceite para ofrecérselo a Buda, se compadeció de ella y le dio lo que quería
La anciana fue con el aceite al monasterio y allí encendió una lamparilla, que depositó delante de Buda mientras le expresab
a este deseo:
–No puedo ofrecerte nada más que esta minúscula lámpara. Pero, por la gracia de esta ofrenda, en el futuro sea yo bendecida con la lámpara de la sabiduría.
Pueda yo liberar a todos los seres de sus tinieblas. Pueda purificar todos sus oscurecimientos y conducirlos a la iluminación‖ A lo largo de la noche se agotó el aceite de todas las demás lamparillas, pero la de la anciana mendiga aún seguía ardiendo al amanecer cuando llegó Maudgalyayana, discípulo de Buda, para retirarlas.
Al ver que aquella todavía estaba encendida, llena de aceite y con una mecha nueva, pensó: ‖No hay motivo para que esta lámpara permanezca encendida durante el día‖, y trató de apagarla de un soplido. Pero la lámpara continuó encendida. Trató de apagarla con los dedos, pero siguió brillando. Trató de extinguirla con su túnica, pero aun así siguió ardiendo.
Buda, que había estado contemplando la escena, le dijo:
–¿Quieres apagar esa lámpara, Maudgalyayana? No podrás. No podrías ni siquiera moverla, y mucho menos apagarla. Si derramaras toda el agua del océano sobre ella, no se apagaría. El agua de todos los ríos y lagos del mundo no bastaría para extinguirla.
–¿Por qué no?
–Porque esta lámpara fue ofrecida con devoción y con pureza de mente y corazón. Y esa motivación la ha hecho enormemente beneficiosa.
Cuando Buda terminó de hablar, la mujer se le acercó, y él profetizó que en el futuro llegaría a convertirse en un buda perfecto llamado ―Luz de la lámpara‖. Así pues, es nuestra motivación, ya sea buena o mala, la que determina el fruto de nuestros actos. Shantidevadijo:
"Toda la dicha que hay en este mundo,
Toda proviene de desear que los demás sean felices;
Y todo el sufrimiento que hay en este mundo,
Todo proviene de desear ser feliz yo‖
Puesto que la ley del karma es inevitable e infalible, cada vez que perjudicamos a otros nos perjudicamos directamente a nosotros mismos, y cada vez que les proporcionamos felicidad, nos proporcionamos a nosotros mismos felicidad futura.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

El arte de la guerra. C A P I T U L O XI

El arte de la guerra. C A P I T U L O XI

Sobre las nueve clases de terreno
Conforme a las leyes de las operaciones militares, existen nueve clases de terreno. Si
intereses locales luchan entre sí en su propio territorio, a éste se le llama terreno de
dispersión.
Cuando los soldados están apegados a su casa y combaten cerca de su hogar, pueden ser
dispersados con facilidad.
Cuando penetras en un territorio ajeno, pero no lo haces en profundidad, a éste se le llama
territorio ligero.
Esto significa que los soldados pueden regresar fácilmente.
El territorio que puede resultarte ventajoso si lo tomas, y ventajoso al enemigo si es él
quien lo conquista, se llama terreno clave.
Un terreno de lucha inevitable es cualquier enclave defensivo o paso estratégico.
Un territorio igualmente accesible para ti y para los demás se llama terreno de
comunicación.
El territorio que está rodeado por tres territorios rivales y es el primero en proporcionar
libre acceso a él a todo el mundo se llama terreno de intersección.
El terreno de intersección es aquel en el que convergen las principales vías de
comunicación uniéndolas entre sí: sé el primero en ocuparlo, y la gente tendrá que
ponerse de tu lado. Si lo obtienes, te encuentras seguro; si lo pierdes, corres peligro.
Cuando penetras en profundidad en un territorio ajeno, y dejas detrás muchas ciudades y
pueblos, a este terreno se le llama difícil.
Es un terreno del que es difícil regresar.
Cuando atraviesas montañas boscosas, desfiladeros abruptos u otros accidentes difíciles
de atravesar, a esto se le llama terreno desfavorable.
Cuando el acceso es estrecho y la salida es tortuosa, de manera que una pequeña unidad
enemiga puede atacarte, aunque tus tropas sean más numerosas, a éste se le llama terreno
cercado.
Si eres capaz de una gran adaptación, puedes atravesar este territorio.
Si sólo puedes sobrevivir en un territorio luchando con rapidez, y si es fácil morir si no lo
haces, a éste se le llama terreno mortal.
Las tropas que se encuentran en un terreno mortal están en la misma situación que si se
encontraran en una barca que se hunde o en una casa ardiendo.
Así pues, no combatas en un terreno de dispersión, no te detengas en un terreno ligero, no
ataques en un terreno clave (ocupado por el enemigo), no dejes que tus tropas sean
divididas en un terreno de comunicación. En terrenos de intersección, establece
comunicaciones; en terrenos difíciles, entra aprovisionado; en terrenos desfavorables,
continúa marchando; en terrenos cercados, haz planes; en terrenos mortales, lucha.
En un terreno de dispersión, los soldados pueden huir. Un terreno ligero es cuando los
soldados han penetrado en territorio enemigo, pero todavía no tienen las espaldas
cubiertas: por eso, sus mentes no están realmente concentradas y no están listos para la
batalla. No es ventajoso atacar al enemigo en un terreno clave; lo que es ventajoso es
llegar el primero a él. No debe permitirse que quede aislado el terreno de comunicación,
para poder servirse de las rutas de suministros. En terrenos de intersección, estarás a
salvo si estableces alianzas; si las pierdes, te encontrarás en peligro. En terrenos difíciles,
entrar aprovisionado significa reunir todo lo necesario para estar allí mucho tiempo. En
terrenos desfavorables, ya que no puedes atrincherarte en ello, debes apresurarte a salir.
En terrenos cercados, introduce tácticas sorpresivas.
Si las tropas caen en un terreno mortal, todo el mundo luchará de manera espontánea. Por
esto se dice: "Sitúa a las tropas en un terreno mortal y sobrevivirán."
Los que eran antes considerados como expertos en el arte de la guerra eran capaces de
hacer que el enemigo perdiera contacto entre su vanguardia y su retaguardia, la confianza
entre las grandes y las pequeñas unidades, el interés recíproco par el bienestar de los
diferentes rangos, el apoyo mutuo entre gobernantes y gobernados, el alistamiento de
soldados y la coherencia de sus ejércitos. Estos expertos entraban en acción cuando les
era ventajoso, y se retenían en caso contrario.
Introducían cambios para confundir al enemigo, atacándolos aquí y allá, aterrorizándolos
y sembrando en ellos la confusión, de tal manera que no les daban tiempo para hacer
planes.
Se podría preguntar cómo enfrentarse a fuerzas enemigas numerosas y bien organizadas
que se dirigen hacia ti. La respuesta es quitarles en primer lugar algo que aprecien, y
después te escucharán.
La rapidez de acción es el factor esencial de la condición de la fuerza militar,
aprovechándose de los errores de los adversarios, desplazándose por caminos que no
esperan y atacando cuando no están en guardia.
Esto significa que para aprovecharse de la falta de preparación, de visión y de cautela de
los adversarios, es necesario actuar con rapidez, y que si dudas, esos errores no te
servirán de nada.
En una invasión, por regla general, cuanto más se adentran los invasores en el territorio
ajeno, más fuertes se hacen, hasta el punto de que el gobierno nativo no puede ya
expulsarlos.
Escoge campos fértiles, y las tropas tendrán suficiente para comer. Cuida de su salud y
evita el cansancio, consolida su energía, aumenta su fuerza. Que los movimientos de tus
tropas y la preparación de tus planes sean insondables.
Consolida la energía más entusiasta de tus tropas, ahorra las fuerzas sobrantes, mantén en
secreto tus formaciones y tus planes, permaneciendo insondable para los enemigos, y
espera a que se produzca un punto vulnerable para avanzar.
Sitúa a tus tropas en un punto que no tenga salida, de manera que tengan que morir antes
de poder escapar. Porque, ¿ante la posibilidad de la muerte, qué no estarán dispuestas a
hacer? Los guerreros dan entonces lo mejor de sus fuerzas. Cuando se hallan ante un
grave peligro, pierden el miedo. Cuando no hay ningún sitio a donde ir, permanecen
firmes; cuando están totalmente implicados en un terreno, se aferran a él. Si no tienen
otra opción, lucharán hasta el final.
Por esta razón, los soldados están vigilantes sin tener que ser estimulados, se alistan sin
tener que ser llamados a filas, son amistosos sin necesidad de promesas, y se puede
confiar en ellos sin necesidad de órdenes.
Esto significa que cuando los combatientes se encuentran en peligro de muerte, sea cual
sea su rango, todos tienen el mismo objetivo, y, por lo tanto, están alerta sin necesidad de
ser estimulados, tienen buena voluntad de manera espontánea y sin necesidad de recibir
órdenes, y puede confiarse de manera natural en ellos sin promesas ni necesidad de
jerarquía.
Prohibe los augurios para evitar las dudas, y los soldados nunca te abandonarán. Si tus
soldados no tienen riquezas, no es porque las desdeñen. Si no tienen más longevidad, no
es porque no quieran vivir más tiempo. El día en que se da la orden de marcha, los
soldados lloran.
Así pues, una operación militar preparada con pericia debe ser como una serpiente veloz
que contraataca con su cola cuando alguien le ataca por la cabeza, contraataca con la
cabeza cuando alguien le ataca por la cola y contraataca con cabeza y cola, cuando
alguien le ataca por el medio.
Esta imagen representa el método de una línea de batalla que responde velozmente
cuando es atacada. Un manual de ocho formaciones clásicas de batalla dice: "Haz del
frente la retaguardia, haz de la retaguardia el frente, con cuatro cabezas y ocho colas. Haz
que la cabeza esté en todas partes, y cuando el enemigo arremeta por el centro, cabeza y
cola acudirán al rescate."
Puede preguntarse la cuestión de si es posible hacer que una fuerza militar sea como una
serpiente rápida. La respuesta es afirmativa. Incluso las personas que se tienen antipatía,
encontrándose en el mismo barco, se ayudarán entre sí en caso de peligro de zozobrar.
Es la fuerza de la situación la que hace que esto suceda.
Por esto, no basta con depositar la confianza en caballos atados y ruedas fijadas.
Se atan los caballos para formar una línea de combate estable, y se fijan las ruedas para
hacer que los carros no se puedan mover. Pero aun así, esto no es suficientemente seguro
ni se puede confiar en ello. Es necesario permitir que haya variantes a los cambios que se
hacen, poniendo a los soldados en situaciones mortales, de manera que combatan de
forma espontánea y se ayuden unos a otros codo con codo: éste es el camino de la
seguridad y de la obtención de una victoria cierta.
La mejor organización es hacer que se exprese el valor y mantenerlo constante. Tener
éxito tanto con tropas débiles como con tropas aguerridas se basa en la configuración de
las circunstancias.
Si obtienes la ventaja del terreno, puedes vencer a los adversarios, incluso con tropas
ligeras y débiles; ¿cuánto más te sería posible si tienes tropas poderosas y aguerridas? Lo
que hace posible la victoria a ambas clases de tropas es las circunstancias del terreno.
Por lo tanto, los expertos en operaciones militares logran la cooperación de la tropa, de
tal manera que dirigir un grupo es como dirigir a un solo individuo que no tiene más que
una sola opción.
Corresponde al general ser tranquilo, reservado, justo y metódico.
Sus planes son tranquilos y absolutamente secretos para que nadie pueda descubrirlos. Su
mando es justo y metódico, así que nadie se atreve a tomarlo a la ligera.
Puede mantener a sus soldados sin información y en completa ignorancia de sus planes.
Cambia sus acciones y revisa sus planes, de manera que nadie pueda reconocerlos.
Cambia de lugar su emplazamiento y se desplaza por caminos sinuosos, de manera que
nadie pueda anticiparse.
Puedes ganar cuando nadie puede entender en ningún momento cuáles son tus
intenciones.
Dice un Gran Hombre: "El principal engaño que se valora en las operaciones militares no
se dirige sólo a los enemigos, sino que empieza por las propias tropas, para hacer que le
sigan a uno sin saber adónde van." Cuando un general fija una meta a sus tropas, es como
el que sube a un lugar elevado y después retira la escalera. Cuando un general se adentra
muy en el interior del territorio enemigo, está poniendo a prueba todo su potencial.
Ha hecho quemar las naves a sus tropas y destruir sus casas; así las conduce como un
rebaño y todos ignoran hacia dónde se encaminan.
Incumbe a los generales reunir a los ejércitos y ponerlos en situaciones peligrosas.
También han de examinar las adaptaciones a los diferentes terrenos, las ventajas de
concentrarse o dispersarse, y las pautas de los sentimientos y situaciones humanas.
Cuando se habla de ventajas y de desventajas de la concentración y de la dispersión,
quiere decir que las pautas de los comportamientos humanos cambian según los
diferentes tipos de terreno.
En general, la pauta general de los invasores es unirse cuando están en el corazón del
territorio enemigo, pero tienden a dispersarse cuando están en las franjas fronterizas.
Cuando dejas tu territorio y atraviesas la frontera en una operación militar, te hallas en un
terreno aislado.
Cuando es accesible desde todos los puntos, es un terreno de comunicación.
Cuando te adentras en profundidad, estás en un terreno difícil. Cuando penetras poco,
estás en un terreno ligero.
Cuando a tus espaldas se hallen espesuras infranqueables y delante pasajes estrechos,
estás en un terreno cercado.
Cuando no haya ningún sitio a donde ir, se trata de un terreno mortal.
Así pues, en un terreno de dispersión, yo unificaría las mentes de los soldados. En un
terreno ligero, las mantendría en contacto. En un terreno clave, les haría apresurarse para
tomarlo. En un terreno de intersección, prestaría atención a la defensa. En un terreno de
comunicación, establecería sólidas alianzas. En un terreno difícil, aseguraría suministros
continuados. En un terreno desfavorable, urgiría a mis tropas a salir rápidamente de él.
En un terreno cercado, cerraría las entradas. En un terreno mortal, indicaría a mis tropas
que no existe ninguna posibilidad de sobrevivir.
Por esto, la psicología de los soldados consiste en resistir cuando se ven rodeados,
luchar cuando no se puede evitar, y obedecer en casos extremos.
Hasta que los soldados no se ven rodeados, no tienen la determinación de resistir al
enemigo hasta alcanzar la victoria. Cuando están desesperados, presentan una defensa
unificada.
Por ello, los que ignoran los planes enemigos no pueden preparar alianzas.
Los que ignoran las circunstancias del terreno no pueden hacer maniobrar a sus fuerzas.
Los que no utilizan guías locales no pueden aprovecharse del terreno. Los militares de un
gobierno eficaz deben conocer todos estos factores.
Cuando el ejército de un gobierno eficaz ataca a un gran territorio, el pueblo no se puede
unir. Cuando su poder sobrepasa a los adversarios, es imposible hacer alianzas.
Si puedes averiguar los planes de tus adversarios, aprovéchate del terreno y haz
maniobrar al enemigo de manera que se encuentre indefenso; en este caso, ni siquiera un
gran territorio puede reunir suficientes tropas para detenerte.
Por lo tanto, si no luchas por obtener alianzas, ni aumentas el poder de ningún país, pero
extiendes tu influencia personal amenazando a los adversarios, todo ello hace que el país
y las ciudades enemigas sean vulnerables.
Otorga recompensas que no estén reguladas y da órdenes desacostumbradas.
Considera la ventaja de otorgar recompensas que no tengan precedentes, observa cómo el
enemigo hace promesas sin tener en cuenta los códigos establecidos.
Maneja las tropas como si fueran una sola persona. Empléalas en tareas reales, pero no
les hables. Motívalas con recompensas, pero no les comentes los perjuicios posibles.
Emplea a tus soldados sólo en combatir, sin comunicarles tu estrategia. Déjales conocer
los beneficios que les esperan, pero no les hables de los daños potenciales. Si la verdad se
filtra, tu estrategia puede hundirse. Si los soldados empiezan a preocuparse, se volverán
vacilantes y temerosos.
Colócalos en una situación de posible exterminio, y entonces lucharán para vivir. Ponles
en peligro de muerte, y entonces sobrevivirán. Cuando las tropas afrontan peligros, son
capaces de luchar para obtener la victoria.
Así pues, la tarea de una operación militar es fingir acomodarse a las intenciones del
enemigo. Si te concentras totalmente en éste, puedes matar a su general aunque estés a
kilómetros de distancia. A esto se llama cumplir el objetivo con pericia.
Al principio te acomodas a sus intenciones, después matas a sus generales: ésta es la
pericia en el cumplimiento del objetivo.
Así, el día en que se declara la guerra, se cierran las fronteras, se rompen los
salvoconductos y se impide el paso de emisarios.
Los asuntos se deciden rigurosamente desde que se comienza a planificar y establecer la
estrategia desde la casa o cuartel general.
El rigor en los cuarteles generales en la fase de planificación se refiere al mantenimiento
del secreto.
Cuando el enemigo ofrece oportunidades, aprovéchalas inmediatamente.
Entérate primero de lo que pretende, y después anticípate a él. Mantén la disciplina y
adáptate al enemigo, para determinar el resultado de la guerra. Así, al principio eres como
una doncella y el enemigo abre sus puertas; entonces, tú eres como una liebre suelta, y el
enemigo no podrá expulsarte

lunes, 15 de diciembre de 2014

El arte de la guerra. C A P I T U L O X

El arte de la guerra. C A P I T U L O X

Sobre la topología
Algunos terrenos son fáciles, otros difíciles, algunos neutros, otros estrechos,
accidentados o abiertos.
Cuando el terreno sea accesible, sé el primero en establecer tu posición, eligiendo las
alturas soleadas; una posición que sea adecuada para transportar los suministros; así
tendrás ventaja cuando libres la batalla.
Cuando estés en un terreno difícil de salir, estás limitado. En este terreno, si tu enemigo
no está preparado, puedes vencer si sigues adelante, pero si el enemigo está preparado y
sigues adelante, tendrás muchas dificultades para volver de nuevo a él, lo cual jugará en
contra tuya.
Cuando es un terreno desfavorable para ambos bandos, se dice que es un terreno neutro.
En un terreno neutro, incluso si el adversario te ofrece una ventaja, no te aproveches de
ella: retírate, induciendo a salir a la mitad de las tropas enemigas, y entonces cae sobre él
aprovechándote de esta condición favorable.
En un terreno estrecho, si eres el primero en llegar, debes ocuparlo totalmente y esperar
al adversario. Si él llega antes, no lo persigas si bloquea los desfiladeros. Persíguelo sólo
si no los bloquea.
En terreno accidentado, si eres el primero en llegar, debes ocupar sus puntos altos y
soleados y esperar al adversario. Si éste los ha ocupado antes, retírate y no lo persigas.
En un terreno abierto, la fuerza del ímpetu se encuentra igualada, y es difícil provocarle
a combatir de manera desventajosa para él.
Entender estas seis clases de terreno es la responsabilidad principal del general, y es
imprescindible considerarlos.
Éstas son las configuraciones del terreno; los generales que las ignoran salen derrotados.
Así pues, entre las tropas están las que huyen, la que se retraen, las que se derrumban, las
que se rebelan y las que son derrotadas. Ninguna de estas circunstancias constituyen
desastres naturales, sino que son debidas a los errores de los generales.
Las tropas que tienen el mismo ímpetu, pero que atacan en proporción de uno contra diez,
salen derrotadas. Los que tienen tropas fuertes pero cuyos oficiales son débiles, quedan
retraídos.
Los que tienen soldados débiles al mando de oficiales fuertes, se verán en apuros. Cuando
los oficiales superiores están encolerizados y son violentos, y se enfrentan al enemigo por
su cuenta y por despecho, y cuando los generales ignoran sus capacidades, el ejército se
desmoronará.
Como norma general, para poder vencer al enemigo, todo el mando militar debe tener una
sola intención y todas las fuerzas militares deben cooperar.
Cuando los generales son débiles y carecen de autoridad, cuando las órdenes no son
claras, cuando oficiales y soldados no tienen solidez y las formaciones son anárquicas, se
produce revuelta.
Los generales que son derrotados son aquellos que son incapaces de calibrar a los
adversarios, entran en combate con fuerzas superiores en número o mejor equipadas, y no
seleccionan a sus tropas según los niveles de preparación de las mismas.
Si empleas soldados sin seleccionar a los preparados de los no preparados, a los arrojados
y a los timoratos, te estás buscando tu propia derrota.
Estas son las seis maneras de ser derrotado. La comprensión de estas situaciones es la
responsabilidad suprema de los generales y deben ser consideradas.
La primera es no calibrar el número de fuerzas; la segunda, la ausencia de un sistema
claro de recompensas y castigos; la tercera, la insuficiencia de entrenamiento; la cuarta
es la pasión irracional; la quinta es la ineficacia de la ley del orden; y la sexta es el fallo
de no seleccionar a los soldados fuertes y resueltos.
La configuración del terreno puede ser un apoyo para el ejército; para los jefes militares,
el curso de la acción adecuada es calibrar al adversario para asegurar la victoria y calcular
los riesgos y las distancias. Salen vencedores los que libran batallas conociendo estos
elementos; salen derrotados los que luchan ignorándolos.
Por lo tanto, cuando las leyes de la guerra señalan una victoria segura es claramente
apropiado entablar batalla, incluso si el gobierno ha dada órdenes de no atacar. Si
las leyes de la guerra no indican una victoria segura, es adecuado no entrar en
batalla, aunque el gobierno haya dada la orden de atacar. De este modo se avanza sin
pretender la gloria, se ordena la retirada sin evitar la responsabilidad, con el único
propósito de proteger a la población y en beneficio también del gobierno; así se rinde un
servicio valioso a la nación.
Avanzar y retirarse en contra de las órdenes del gobierno no se hace por interés personal,
sino para salvaguardar las vidas de la población y en auténtico beneficio del gobierno.
Servidores de esta talla son muy útiles para un pueblo.
Mira por tus soldados como miras por un recién nacido; así estarán dispuestos a seguirte
hasta los valles más profundos; cuida de tus soldados como cuidas de tus queridos hijos,
y morirán gustosamente contigo.
Pero si eres tan amable con ellos que no los puedes utilizar, si eres tan indulgente que no
les puedes dar órdenes, tan informal que no puedes disciplinarlos, tus soldados serán
como niños mimados y, por lo tanto, inservibles.
Las recompensas no deben utilizarse solas, ni debe confiarse solamente en los castigos.
En caso contrario, las tropas, como niños mimosos, se acostumbran a disfrutar o a quedar
resentidas por todo. Esto es dañino y los vuelve inservibles.
Si sabes que tus soldados son capaces de atacar, pero ignoras si el enemigo es
invulnerable a un ataque, tienes sólo la mitad de posibilidades de ganar. Si sabes que tu
enemigo es vulnerable a un ataque, pero ignoras si tus soldados son capaces de atacar,
sólo tienes la mitad de posibilidades de ganar. Si sabes que el enemigo es vulnerable a un
ataque, y tus soldados pueden llevarlo a cabo, pero ignoras si la condición del terreno es
favorable para la batalla, tienes la mitad de probabilidades de vencer.
Por lo tanto, los que conocen las artes marciales no pierden el tiempo cuando efectúan sus
movimientos, ni se agotan cuando atacan. Debido a esto se dice que cuando te conoces a
ti mismo y conoces a los demás, la victoria no es un peligro; cuando conoces el cielo y la
tierra, la victoria es inagotable.

sábado, 13 de diciembre de 2014

El arte de la guerra. C A P I T U L O IX

El arte de la guerra. C A P I T U L O IX

Sobre la distribución de los medios
Las maniobras militares son el resultado de los planes y las estrategias en la manera
más ventajosa para ganar. Determinan la movilidad y efectividad de las tropas.
Si vas a colocar tu ejército en posición de observar al enemigo, atraviesa rápido las
montañas y vigílalos desde un valle.
Considera el efecto de la luz y manténte en la posición más elevada del valle. Cuando
combatas en una montaña, ataca desde arriba hacia abajo y no al revés.
Combate estando cuesta abajo y nunca cuesta arriba. Evita que el agua divida tus fuerzas,
aléjate de las condiciones desfavorables lo antes que te sea posible. No te enfrentes a los
enemigos dentro del agua; es conveniente dejar que pasen la mitad de sus tropas y en ese
momento dividirlas y atacarlas.
No te sitúes río abajo. No camines en contra de la corriente, ni en contra del viento.
Si acampas en la ribera de un río, tus ejércitos pueden ser sorprendidos de noche,
empujados a ahogarse o se les puede colocar veneno en la corriente. Tus barcas no deben
ser amarradas corriente abajo, para impedir que el enemigo aproveche la corriente
lanzando sus barcas contra ti. Si atraviesas pantanos, hazlo rápidamente. Si te encuentras
frente a un ejército en media de un pantano, permanece cerca de sus plantas acuáticas o
respaldado por los árboles.
En una llanura, toma posiciones desde las que sea fácil maniobrar, manteniendo las
elevaciones del terreno detrás y a tu derecha, estando las partes más bajas delante y las
más altos detrás.
Generalmente, un ejército prefiere un terreno elevado y evita un terreno bajo, aprecia la
luz y detesta la oscuridad.
Los terrenos elevados son estimulantes, y por lo tanto, la gente se halla a gusto en ellos,
además son convenientes para adquirir la fuerza del ímpetu. Los terrenos bajos son
húmedos, lo cual provoca enfermedades y dificulta el combate.
Cuida de la salud física de tus soldados con los mejores recursos disponibles.
Cuando no existe la enfermedad en un ejército, se dice que éste es invencible.
Donde haya montículos y terraplenes, sitúate en su lado soleado, manteniéndolos siempre
a tu derecha y detrás.
Colocarse en la mejor parte del terreno es ventajoso para una fuerza militar.
La ventaja en una operación militar consiste en aprovecharse de todos los factores
beneficiosos del terreno.
Cuando llueve río arriba y la corriente trae consigo la espuma, si quieres cruzarlo, espera
a que escampe.
Siempre que un terreno presente barrancos infranqueables, lugares cerrados, trampas,
riesgos, grietas y prisiones naturales, debes abandonarlo rápidamente y no acercarte a él.
En lo que a mí concierne, siempre me mantengo alejado de estos accidentes del terreno,
de manera que los adversarios estén más cerca que yo de ellos; doy la cara a estos
accidentes, de manera que queden a espaldas del enemigo.
Entonces estás en situación ventajosa, y él tiene condiciones desfavorables.
Cuando un ejército se está desplazando, si atraviesa territorios montañosos con muchas
corrientes de agua y pozos, o pantanos cubiertos de juncos, o bosques vírgenes llenos de
árboles y vegetación, es imprescindible escudriñarlos totalmente y con cuidado, ya que
estos lugares ayudan a las emboscadas y a los espías.
Es esencial bajar del caballo y escudriñar el terreno, por si existen tropas escondidas para
tenderte una emboscada. También podría ser que hubiera espías al acecho observándote y
escuchando tus instrucciones y movimientos.
Cuando el enemigo está cerca, pero permanece en calma, quiere decir que se halla en una
posición fuerte. Cuando está lejos pero intenta provocar hostilidades, quiere que avances.
Si, además, su posición es accesible, eso quiere decir que le es favorable.
Si un adversario no conserva la posición que le es favorable por las condiciones del
terreno y se sitúa en otro lugar conveniente, debe ser porque existe alguna ventaja táctica
para obrar de esta manera.
Si se mueven los árboles, es que el enemigo se está acercando. Si hay obstáculos entre los
matorrales, es que has tomado un mal camino.
La idea de poner muchos obstáculos entre la maleza es hacerte pensar que existen tropas
emboscadas escondidas en medio de ella.
Si los pájaros alzan el vuelo, hay tropas emboscadas en el lugar. Si los animales están
asustados, existen tropas atacantes. Si se elevan columnas de polvo altas y espesas, hay
carros que se están acercando; si son bajas y anchas, se acercan soldados a pie.
Humaredas esparcidas significan que se está cortando leña. Pequeñas polvaredas que van
y vienen indican que hay que levantar el campamento.
Si los emisarios del enemigo pronuncian palabras humildes mientras que éste
incrementa sus preparativos de guerra, esto quiere decir que va a avanzar. Cuando
se pronuncian palabras altisonantes y se avanza ostentosamente, es señal de que el
enemigo se va a retirar.
Si sus emisarios vienen con palabras humildes, envía espías para observar al enemigo y
comprobarás que está aumentando sus preparativos de guerra.
Cuando los carros ligeros salen en primer lugar y se sitúan en los flancos, están
estableciendo un frente de batalla.
Si los emisarios llegan pidiendo la paz sin firmar un tratado, significa que están tramando
algún complot.
Si el enemigo dispone rápidamente a sus carros en filas de combate, es que está
esperando refuerzos.
No se precipitarán para un encuentro ordinario si no entienden que les ayudará, o debe
haber una fuerza que se halla a distancia y que es esperada en un determinado momento
para unir sus tropas y atacarte. Conviene anticipar, prepararse inmediatamente para esta
eventualidad.
Si la mitad de sus tropas avanza y la otra mitad retrocede, es que el enemigo piensa
atraerte a una trampa.
El enemigo está fingiendo en este caso confusión y desorden para incitarte a que avances.
Si los soldados enemigos se apoyan unos en otros, es que están hambrientos.
Si los aguadores beben en primer lugar, es que las tropas están sedientas.
Si el enemigo ve una ventaja pero no la aprovecha, es que está cansado.
Si los pájaros se reúnen en el campo enemigo, es que el lugar está vacío.
Si hay pájaros sobrevolando una ciudad, el ejército ha huido.
Si se producen llamadas nocturnas, es que los soldados enemigos están atemorizados.
Tienen miedo y están inquietos, y por eso se llaman unos a otros.
Si el ejército no tiene disciplina, esto quiere decir que el general no es tomado en serio.
Si los estandartes se mueven, es que está sumido en la confusión.
Las señales se utilizan para unificar el grupo; así pues, si se desplaza de acá para allá sin
orden ni concierto, significa que sus filas están confusas.
Si sus emisarios muestran irritación, significa que están cansados.
Si matan sus caballos para obtener carne, es que los soldados carecen de alimentos;
cuando no tienen marmitas y no vuelven a su campamento, son enemigos completamente
desesperados.
Si se producen murmuraciones, faltas de disciplina y los soldados hablan mucho entre sí,
quiere decir que se ha perdido la lealtad de la tropa.
Las murmuraciones describen la expresión de los verdaderos sentimientos; las faltas de
disciplina indican problemas con los superiores. Cuando el mando ha perdido la lealtad
de las tropas, los soldados se hablan con franqueza entre sí sobre los problemas con sus
superiores.
Si se otorgan numerosas recompensas, es que el enemigo se halla en un callejón sin
salida; cuando se ordenan demasiados castigos, es que el enemigo está desesperado.
Cuando la fuerza de su ímpetu está agotada, otorgan constantes recompensas para tener
contentos a los soldados, para evitar que se rebelen en masa. Cuando los soldados están
tan agotados que no pueden cumplir las órdenes, son castigados una y otra vez para
restablecer la autoridad.
Ser violento al principio y terminar después temiendo a los propios soldados es el colmo
de la ineptitud.
Los emisarios que acuden con actitud conciliatoria indican que el enemigo quiere una
tregua.
Si las tropas enemigas se enfrentan a ti con ardor, pero demoran el momento de entrar en
combate sin abandonar no obstante el terreno, has de observarlos cuidadosamente.
Están preparando un ataque por sorpresa.
En asuntos militares, no es necesariamente más beneficioso ser superior en fuerzas, sólo
evitar actuar con violencia innecesaria; es suficiente con consolidar tu poder, hacer
estimaciones sobre el enemigo y conseguir reunir tropas; eso es todo.
El enemigo que actúa aisladamente, que carece de estrategia y que toma a la ligera a
sus adversarios, inevitablemente acabará siendo derrotado.
Si tu plan no contiene una estrategia de retirada o posterior al ataque, sino que confías
exclusivamente en la fuerza de tus soldados, y tomas a la ligera a tus adversarios sin
valorar su condición, con toda seguridad caerás prisionero.
Si se castiga a los soldados antes de haber conseguido que sean leales al mando, no
obedecerán, y si no obedecen, serán difíciles de emplear.
Tampoco podrán ser empleados si no se lleva a cabo ningún castigo, incluso después de
haber obtenido su lealtad.
Cuando existe un sentimiento subterráneo de aprecio y confianza, y los corazones de los
soldados están ya vinculados al mando, si se relaja la disciplina, los soldados se volverán
arrogantes y será imposible emplearlos.
Por lo tanto, dirígelos mediante el arte civilizado y unifícalos mediante las artes
marciales; esto significa una victoria continua.
Arte civilizado significa humanidad, y artes marciales significan reglamentos. Mándalos
con humanidad y benevolencia, unifícalos de manera estricta y firme. Cuando la
benevolencia y la firmeza son evidentes, es posible estar seguro de la victoria.
Cuando las órdenes se dan de manera clara, sencilla y consecuente a las tropas, éstas
las aceptan. Cuando las órdenes son confusas, contradictorias y cambiantes las
tropas no las aceptan o no las entienden.
Cuando las órdenes son razonables, justas, sencillas, claras y consecuentes, existe
una satisfacción recíproca entre el líder y el grupo.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

El arte de la guerra. C A P I T U L O VIII

El arte de la guerra. C A P I T U L O VIII

Sobre los nueve cambios
Por lo general, las operaciones militares están bajo el del gobernante civil para dirigir al ejército.
El General no debe levantar su campamento en un terreno difícil. Deja que se establezcan relaciones diplomáticas en las fronteras.
No permanezcas en un territorio árido ni aislado.
Cuando te halles en un terreno cerrado, prepara alguna estrategia y muévete. Cuando te halles en un terreno mortal, lucha.
Terreno cerrado significa que existen lugares escarpados que te rodean por todas partes, de manera que el enemigo tiene movilidad, que puede llegar e irse con libertad, pero a ti te es difícil salir y volver.
Cada ruta debe ser estudiada para que sea la mejor. Hay rutas que no debes usar, ejércitos que no han de ser atacados, ciudades que no deben ser rodeadas, terrenos sobre los que no se debe combatir, y órdenes de gobernantes civiles que no deben ser obedecidas.
En consecuencia, los generales que conocen las variables posibles para aprovecharse del terreno sabe cómo manejar las fuerzas armadas. Si los generales no saben cómo adaptarse de manera ventajosa, aunque conozcan la condición del terreno, no pueden aprovecharse de él.
Si están al mando de ejércitos, pero ignoran las artes de la total adaptabilidad, aunque conozcan el objetivo a lograr, no pueden hacer que los soldados luchen por él.
Si eres capaz de ajustar la campaña cambiar conforme al ímpetu de las fuerzas, entonces la ventaja no cambia, y los únicos que son perjudicados son los enemigos. Por esta razón, no existe una estructura permanente. Si puedes comprender totalmente este principio, puedes hacer que los soldados actúen en la mejor forma posible.
Por lo tanto, las consideraciones de la persona inteligente siempre incluyen el analizar objetivamente el beneficio y el daño.
Cuando considera el beneficio, su acción se expande; cuando considera el daño, sus problemas pueden resolverse.
El beneficio y el daño son interdependientes, y los sabios los tienen en cuenta.
Por ello, lo que retiene a los adversarios es el daño, lo que les mantiene ocupados es la acción, y lo que les motiva es el beneficio.
Cansa a los enemigos manteniéndolos ocupados y no dejándoles respirar. Pero antes de lograrlo, tienes que realizar previamente tu propia labor. Esa labor consiste en desarrollar un ejército fuerte, un pueblo próspero, una sociedad armoniosa y una manera ordenada de vivir.
Así pues, la norma general de las operaciones militares consiste en no contar con que el enemigo no acuda, sino confiar en tener los medios de enfrentarte a él; no contar con que el adversario no ataque, sino confiar en poseer lo que no puede ser atacado.
Si puedes recordar siempre el peligro cuando estás a salvo y el caos en tiempos de orden, permanece atento al peligro y al caos mientras no tengan todavía forma, y evítalos antes de que se presenten; ésta es la mejor estrategia de todas.
Por esto, existen cinco rasgos que son peligrosos en los generales. Los que están dispuestos a morir, pueden perder la vida; los que quieren preservar la vida, pueden ser hechos prisioneros; los que son dados a los apasionamientos irracionales, pueden ser ridiculizados; los que son muy puritanos, pueden ser deshonrados; los que son compasivos, pueden ser turbados.
Si te presentas en un lugar que con toda seguridad los enemigos se precipitarán a defender, las personas compasivas se apresurarán invariablemente a rescatar a sus habitantes, causándose a sí mismos problemas y cansancio.
Estos son cinco rasgos que constituyen defectos en los generales y que son desastrosos para las operaciones militares.
Los buenos generales son de otra manera: se comprometen hasta la muerte, pero no se aferran a la esperanza de sobrevivir; actúan de acuerdo con los acontecimientos, en forma racional y realista, sin dejarse llevar por las emociones ni estar sujetos a quedar confundidos. Cuando ven una buena oportunidad, son como tigres, en caso contrario cierran sus puertas. Su acción y su no acción son cuestiones de estrategia, y no pueden ser complacidos ni enfadados.

sábado, 6 de diciembre de 2014

El arte de la guerra. C A P I T U L O VII

El arte de la guerra. C A P I T U L O VII

Sobre el enfrentamiento directo e indirecto
La regla ordinaria para el uso del ejército es que el mando del ejército reciba órdenes de
las autoridades civiles y después reúne y concentra a las tropas, acuartelándolas juntas.
Nada es más difícil que la lucha armada.
Luchar con otros cara a cara para conseguir ventajas es lo más arduo del mundo.
La dificultad de la lucha armada es hacer cercanas las distancias largas y convertir
los problemas en ventajas.
Mientras que das la apariencia de estar muy lejos, empiezas tu camino y llegas antes que
el enemigo.
Por lo tanto, haces que su ruta sea larga, atrayéndole con la esperanza de ganar. Cuando
emprendes la marcha después que los otros y llegas antes que ellos, conoces la estrategia
de hacer que las distancias sean cercanas.
Sírvete de una unidad especial para engañar al enemigo atrayéndole a una falsa
persecución, haciéndole creer que el grueso de tus fuerzas está muy lejos; entonces,
lanzas una fuerza de ataque sorpresa que llega antes, aunque emprendió el camino
después.
Por consiguiente, la lucha armada puede ser provechosa y puede ser peligrosa.
Para el experto es provechosa, para el inexperto peligrosa.
Movilizar a todo el ejército para el combate en aras de obtener alguna ventaja tomaría
mucho tiempo, pero combatir por una ventaja con un ejército incompleto tendría como
resultado una falta de recursos.
Si te movilizas rápidamente y sin parar día y noche, recorriendo el doble de la distancia
habitual, y si luchas por obtener alguna ventaja a miles de kilómetros, tus jefes militares
serán hechos prisioneros. Los soldados que sean fuertes llegarán allí primero, los más
cansados llegarán después - como regla general, sólo lo conseguirá uno de cada diez.
Cuando la ruta es larga las tropas se cansan; si han gastado su fuerza en la movilización,
llegan agotadas mientras que sus adversarios están frescos; así pues, es seguro que serán
atacadas.
Combatir por una ventaja a cincuenta kilómetros de distancia frustrará los planes del
mando, y, como regla general, sólo la mitad de los soldados lo harán.
Si se combate por obtener una ventaja a treinta kilómetros de distancia, sólo dos de cada
tres soldados los recorrerán.
Así pues, un ejército perece si no está equipado, si no tiene provisiones o si no tiene
dinero.
Estas tres cosas son necesarias: no puedes combatir para ganar con un ejército no
equipado, o sin provisiones, lo que el dinero facilita.
Por tanto, si ignoras los planes de tus rivales, no puedes hacer alianzas precisas.
A menos que conozcas las montañas y los bosques, los desfiladeros y los pasos, y la
condición de los pantanos, no puedes maniobrar con una fuerza armada. A menos que
utilices guías locales, no puedes aprovecharte de las ventajas del terreno.
Sólo cuando conoces cada detalle de la condición del terreno puedes maniobrar y
guerrear.
Por consiguiente, una fuerza militar se usa según la estrategia prevista, se moviliza
mediante la esperanza de recompensa, y se adapta mediante la división y la combinación.
Una fuerza militar se establece mediante la estrategia en el sentido de que distraes al
enemigo para que no pueda conocer cuál es tu situación real y no pueda imponer su
supremacía. Se moviliza mediante la esperanza de recompensa, en el sentido de que entra
en acción cuando ve la posibilidad de obtener una ventaja. Dividir y volver a hacer
combinaciones de tropas se hace para confundir al adversario y observar cómo reacciona
frente a ti; de esta manera puedes adaptarte para obtener la victoria.
Por eso, cuando una fuerza militar se mueve con rapidez es como el viento; cuando va
lentamente es como el bosque; es voraz como el fuego e inmóvil como las montañas.
Es rápida como el viento en el sentido que llega sin avisar y desaparece como el
relámpago. Es como un bosque porque tiene un orden. Es voraz como el fuego que
devasta una planicie sin dejar tras sí ni una brizna de hierba. Es inmóvil como una
montaña cuando se acuartela.
Es tan difícil de conocer como la oscuridad; su movimiento es como un trueno que
retumba.
Para ocupar un lugar, divide a tus tropas. Para expandir tu territorio, divide los beneficios.
La regla general de las operaciones militares es desproveer de alimentos al enemigo todo
lo que se pueda. Sin embargo, en localidades donde la gente no tiene mucho, es necesario
dividir a las tropas en grupos más pequeños para que puedan tomar en diversas partes lo
que necesitan, ya que sólo así tendrán suficiente.
En cuanto a dividir el botín, significa que es necesario repartirlo entre las tropas para
guardar lo que ha sido ganado, no dejando que el enemigo lo recupere.
Actúa después de haber hecho una estimación. Gana el que conoce primero la medida de
lo que está lejos y lo que está cerca: ésta es la regla general de la lucha armada.
El primero que hace el movimiento es el "invitado", el último es el "anfitrión". El
"invitado" lo tiene difícil, el "anfitrión lo tiene fácil". Cerca y lejos significan
desplazamiento: el cansancio, el hambre y el frío surgen del desplazamiento.
Un antiguo libro que trata de asuntos militares dice: "Las palabras no son escuchadas, par
eso se hacen los símbolos y los tambores. Las banderas y los estandartes se hacen a causa
de la ausencia de visibilidad." Símbolos, tambores, banderas y estandartes se utilizan para
concentrar y unificar los oídos y los ojos de los soldados. Una vez que están unificados,
el valiente no puede actuar solo, ni el tímido puede retirarse solo: ésta es la regla general
del empleo de un grupo.
Unificar los oídos y los ojos de los soldados significa hacer que miren y escuchen al
unísono de manera que no caigan en la confusión y el desorden. La señales se utilizan
para indicar direcciones e impedir que los individuos vayan a donde se les antoje.
Así pues, en batallas nocturnas, utiliza fuegos y tambores, y en batallas diurnas sírvete de
banderas y estandartes, para manipular los oídos y los ojos de los soldados.
Utiliza muchas señales para confundir las percepciones del enemigo y hacerle temer tu
temible poder militar.
De esta forma, haces desaparecer la energía de sus ejércitos y desmoralizas a sus
generales.
En primer lugar, has de ser capaz de mantenerte firme en tu propio corazón; sólo
entonces puedes desmoralizar a los generales enemigos. Por esto, la tradición afirma que
los habitantes de otros tiempos tenían la firmeza para desmoralizar, y la antigua ley de los
que conducían carros de combate decía que cuando la mente original es firme, la energía
fresca es victoriosa.
De este modo, la energía de la mañana está llena de ardor, la del mediodía decae y la
energía de la noche se retira; en consecuencia, los expertos en el manejo de las armas
prefieren la energía entusiasta, atacan la decadente y la que se bate en retirada. Son ellos
los que dominan la energía.
Cualquier débil en el mundo se dispone a combatir en un minuto si se siente animado,
pero cuando se trata realmente de tomar las armas y de entrar en batalla, es poseído por la
energía; cuando esta energía se desvanece, se detendrá, estará asustado y se arrepentirá de
haber comenzado. La razón por la que esa clase de ejércitos miran por encima del
hombro a enemigos fuertes, lo mismo que miran a las doncellas vírgenes, es porque se
están aprovechando de su agresividad, estimulada por cualquier causa.
Utilizar el orden para enfrentarse al desorden, utilizar la calma para enfrentarse con los
que se agitan, esto es dominar el corazón.
A menos que tu corazón esté totalmente abierto y tu mente en orden, no puedes esperar
ser capaz de adaptarte a responder sin límites, a manejar los acontecimientos de manera
infalible, a enfrentarte a dificultades graves e inesperadas sin turbarte, dirigiendo cada
cosa sin confusión.
Dominar la fuerza es esperar a los que vienen de lejos, aguardar con toda comodidad a
los que se han fatigado, y con el estómago saciado a los hambrientos.
Esto es lo que se quiere decir cuando se habla de atraer a otros hacia donde estás, al
tiempo que evitas ser inducido a ir hacia donde están ellos.
Evitar la confrontación contra formaciones de combate bien ordenadas y no atacar
grandes batallones constituye el dominio de la adaptación.
Por tanto, la regla general de las operaciones militares es no enfrentarse a una gran
montaña ni oponerse al enemigo de espaldas a ésta.
Esto significa que si los adversarios están en un terreno elevado, no debes atacarles
cuesta arriba, y que cuando efectúan una carga cuesta abajo, no debes hacerles frente.
No persigas a los enemigos cuando finjan una retirada, ni ataques tropas expertas.
Si los adversarios huyen de repente antes de agotar su energía, seguramente hay
emboscadas esperándote para atacar a tus tropas; en este caso, debes retener a tus
oficiales para que no se lancen en su persecución.
No consumas la comida de sus soldados.
Si el enemigo abandona de repente sus provisiones, éstas han de ser probadas antes de ser
comidas, por si están envenenadas.
No detengas a ningún ejército que esté en camino a su país.
Bajo estas circunstancias, un adversario luchará hasta la muerte. Hay que dejarle una
salida a un ejército rodeado.
Muéstrales una manera de salvar la vida para que no estén dispuestos a luchar hasta la
muerte, y así podrás aprovecharte para atacarles.
No presiones a un enemigo desesperado.
Un animal agotado seguirá luchando, pues esa es la ley de la naturaleza.
Estas son las leyes de las operaciones militares

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Baguazhang (八卦掌) ,Palma de los ocho trigramas.En el vídeo los principios.

Baguazhang (八卦掌) es una de las artes marciales internas de China. Baguazhang significa literalmente la ‘palma de los ocho trigramas‘. Este arte marcial interno chino se basa en el símbolo taoista del bagua, relacionado con el I Ching ('libro o clásico de los cambios' o 'Zhouyi'), como sistema que explica las diferentes configuraciones (cambios) del cosmos. La creación del baguazhang durante el siglo XIX es atribuido a Dong Haichuan, quien sintetizó varias artes marciales preexistentes con la caminata circular taoísta. El baguazhang llegó a ser rápidamente popular en China por su efectividad en el combate.Una de sus características distintivas, es el entrenamiento que realizan sus practicantes rodeando un círculo imaginario, utilizando como armas tanto las manos como los pies. La superioridad de la forma circular se impone frente a las formas lineales tradicionales de combate, ya que el practicante puede sorprender con movimientos inesperados e inexistentes en la forma lineal. Se utiliza la caminata circular para moverse alrededor del oponente, usando contragiros, manteniendo el peso la mayoría del tiempo en la pierna de atrás, al tiempo que las manos se mueven en patrones específicos.En el vídeo el shifu Carlos Garcia.

martes, 2 de diciembre de 2014

El arte de la guerra. C A P I T U L O VI

El arte de la guerra. C A P I T U L O VI

Sobre lo lleno y lo vacío
Los que anticipan, se preparan y llegan primero al campo de batalla y esperan al adversario están en posición descansada; los que llegan los últimos al campo de batalla, los que improvisan y entablan la lucha quedan agotados.
Los buenos guerreros hacen que los adversarios vengan a ellos, y de ningún modo se dejan atraer fuera de su fortaleza.
Si haces que los adversarios vengan a ti para combatir, su fuerza estará siempre vacía. Si no sales a combatir, tu fuerza estará siempre llena. Este es el arte de vaciar a los demás y de llenarte a ti mismo.
Lo que impulsa a los adversarios a venir hacia ti por propia decisión es la perspectiva de ganar. Lo que desanima a los adversarios de ir hacia ti es la probabilidad de sufrir daños.
Cuando los adversarios están en posición favorable, debes cansarlos. Cuando están bien alimentados, cortar los suministros. Cuando están descansando, hacer que se pongan en movimiento.
Ataca inesperadamente, haciendo que los adversarios se agoten corriendo para salvar sus vidas. Interrumpe sus provisiones, arrasa sus campos y corta sus vías de aprovisionamiento. Aparece en lugares críticos y ataca donde menos se lo esperen, haciendo que tengan que acudir al rescate.
Aparece donde no puedan ir, se dirige hacia donde menos se lo esperen. Para desplazarte cientos de kilómetros sin cansancio, atraviesa tierras despobladas.
Atacar un espacio abierto no significa sólo un espacio en el que el enemigo no tiene defensa. Mientras su defensa no sea estricta - el lugar no esté bien guardado -, los enemigos se desperdigarán ante ti, como si estuvieras atravesando un territorio despoblado.
Para tomar infaliblemente lo que atacas, ataca donde no haya defensa. Para mantener una defensa infaliblemente segura, defiende donde no haya ataque.
Así, en el caso de los que son expertos en el ataque, sus enemigos no saben por dónde atacar.
Cuando se cumplen las instrucciones, las personas son sinceramente leales y comprometidas, los planes y preparativos para la defensa implantados con firmeza, siendo tan sutil y reservado que no se revelan las estrategias de ninguna forma, y los adversarios se sienten inseguros, y su inteligencia no les sirve para nada.
Sé extremadamente sutil, discreto, hasta el punto de no tener forma. Sé completamente misterioso y confidencial, hasta el punto de ser silencioso. De esta manera podrás dirigir el destino de tus adversarios.
Para avanzar sin encontrar resistencia, arremete por sus puntos débiles. Para retirarte de manera esquiva, sé más rápido que ellos.
Las situaciones militares se basan en la velocidad: llega como el viento, muévete como el relámpago, y los adversarios no podrán vencerte.
Por lo tanto, cuando quieras entrar en batalla, incluso si el adversario está atrincherado en una posición defensiva, no podrá evitar luchar si atacas en el lugar en el que debe acudir irremediablemente al rescate.
Cuando no quieras entrar en batalla, incluso si trazas una línea en el terreno que quieres conservar, el adversario no puede combatir contigo porque le das una falsa pista.
Esto significa que cuando los adversarios llegan para atacarte, no luchas con ellos, sino que estableces un cambio estratégico para confundirlos y llenarlos de incertidumbre.
Por consiguiente, cuando induces a otros a efectuar una formación, mientras que tú mismo permaneces sin forma, estás concentrado, mientras que tu adversario está dividido.
Haz que los adversarios vean como extraordinario lo que es ordinario para ti; haz que vean como ordinario lo que es extraordinario para ti. Esto es inducir al enemigo a efectuar una formación. Una vez vista la formación del adversario, concentras tus tropas contra él. Como tu formación no está a la vista, el adversario dividirá seguramente sus fuerzas.
Cuando estás concentrado formando una sola fuerza, mientras que el enemigo está dividido en diez, estás atacando a una concentración de uno contra diez, así que tus fuerzas superan a las suyas.
Si puedes atacar a unos pocos soldados con muchos, diezmarás el número de tus adversarios.
Cuando estás fuertemente atrincherado, te has hecho fuerte tras buenas barricadas, y no dejas filtrar ninguna información sobre tus fuerzas, sal afuera sin formación precisa, ataca y conquista de manera incontenible.
No han de conocer dónde piensas librar la batalla, porque cuando no se conoce, el enemigo destaca muchos puestos de vigilancia, y en el momento en el que se establecen numerosos puestos sólo tienes que combatir contra pequeñas unidades.
Así pues, cuando su vanguardia está preparada, su retaguardia es defectuosa, y cuando su retaguardia está preparada, su vanguardia presenta puntos débiles.
Las preparaciones de su ala derecha significarán carencia en su ala izquierda. Las preparaciones por todas partes significará ser vulnerable por todas partes.
Esto significa que cuando las tropas están de guardia en muchos lugares, están forzosamente desperdigadas en pequeñas unidades.
Cuando se dispone de pocos soldados se está a la defensiva contra el adversario el que dispone de muchos hace que el enemigo tenga que defenderse.
Cuantas más defensas induces a adoptar a tu enemigo, más debilitado quedará.
Así, si conoces el lugar y la fecha de la batalla, puedes acudir a ella aunque estés a mil kilómetros de distancia. Si no conoces el lugar y la fecha de la batalla, entonces tu flanco izquierdo no puede salvar al derecho, tu vanguardia no puede salvar a tu retaguardia, y tu retaguardia no puede salvar a tu vanguardia, ni siquiera en un territorio de unas pocas docenas de kilómetros.
Si tienes muchas más tropas que los demás, ¿cómo puede ayudarte este factor para obtener la victoria?
Si no conoces el lugar y la fecha de la batalla, aunque tus tropas sean más numerosas que las de ellos, ¿cómo puedes saber si vas a ganar o a perder?
Así pues, se dice que la victoria puede ser creada.
Si haces que los adversarios no sepan el lugar y la fecha de la batalla, siempre puedes vencer.
Incluso si los enemigos son numerosos, puede hacerse que no entren en combate.
Por tanto, haz tu valoración sobre ellos para averiguar sus planes, y determinar qué estrategia puede tener éxito y cuál no. Incítalos a la acción para descubrir cuál es el esquema general de sus movimientos y descansa.
Haz algo por o en contra de ellos para su atención, de manera que puedas de ellos para atraer descubrir sus hábitos de comportamiento de ataque y de defensa.
Indúcelos a adoptar formaciones específicas, para conocer sus puntos flacos.
Esto significa utilizar muchos métodos para confundir y perturbar al enemigo con el objetivo de observar sus formas de respuesta hacia ti; después de haberlas observado, actúas en consecuencia, de manera que puedes saber qué clase de situaciones significan vida y cuáles significan muerte.
Pruébalos para averiguar sus puntos fuertes y sus puntos débiles. Por lo tanto, el punto final de la formación de un ejército es llegar a la no forma. Cuando no tienes forma, los informadores no pueden descubrir nada, ya que la información no puede crear una estrategia.
Una vez que no tienes forma perceptible, no dejas huellas que puedan ser seguidas, los informadores no encuentran ninguna grieta por donde mirar y los que están a cargo de la planificación no pueden establecer ningún plan realizable.
La victoria sobre multitudes mediante formaciones precisas debe ser desconocida par las multitudes. Todo el mundo conoce la forma mediante la que resultó vencedor, pero nadie conoce la forma mediante la que aseguró la victoria.
En consecuencia, la victoria en la guerra no es repetitiva, sino que adapta su forma continuamente.
Determinar los cambios apropiados, significa no repetir las estrategias previas para obtener la victoria. Para lograrla, puedo adaptarme desde el principio a cualquier formación que los adversarios puedan adoptar.
Las formaciones son como el agua: la naturaleza del agua es evitar lo alto e ir hacia abajo; la naturaleza de los ejércitos es evitar lo lleno y atacar lo vacío; el flujo del agua está determinado par la tierra; la victoria viene determinada por el adversario.
Así pues, un ejército no tiene formación constante, lo mismo que el agua no tiene forma constante: se llama genio a la capacidad de obtener la victoria cambiando y adaptándose según el enemigo.