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miércoles, 15 de julio de 2015

Peng, lu, ji, an; debéis conocerlos perfectamente.


 Peng, lu, ji, an; debéis conocerlos perfectamente,
 Peng lu ji an son (para qué profundizar en el tema) las cuatro técnicas
elementales del Taiji, encontradas en los movimientos fundamentales (lan que
wei “coger la cola del pájaro” de los estilos Yang, Wu... Y lan zha yi “apartar los
faldones de la túnica” de Chen, Sun, etc.). También compone el eje de la práctica
del Tuishou “de cuatro técnicas” (si zheng shou – “cuatro manos en línea recta”) de
todos los estilos (Chen, Wudang, Yang, Sun, Wu...). El/la practicante deberá estar
absolutamente familiarizado con estos cuatro movimientos que son el eje de la
práctica. Son también los movimientos fundamentales para los órganos internos
relacionados con los Cinco Elementos (Sí, ya sé que solo son cuatro, pero es que el
Elemento Tierra –Bazo/Estómago-, está en el centro, y por lo tanto, no tiene
movimiento). La práctica de estas cuatro acciones (colocadas siempre al principio
de la forma) tiene una función "purificadora” de la energía orgánica, además de
enseñar las claves de la pelea Taiji.

jueves, 31 de julio de 2014

La vivencia del momento y el objetivo final: la construcción del tiempo en el taichi

La vivencia del momento y el objetivo final: la construcción del tiempo en el taichi

LA DEPORTIFICACIÓN DEL TAI CHI CHUAN

La unidad temporal mínima del tai chi es la respiración: el ciclo completo de inspiración, apnea y expiración. El ritmo viene dado por la conexión entre las acciones motrices y la frecuencia y velocidad del ciclo respiratorio. La rápida ejecución de una acción conlleva una respiración acelerada, y así mismo, una lenta ejecución comporta una pausada respiración. La respiración es un medio para conectar lo consciente y lo inconsciente del ser humano, un paso necesario para la meditación. Pretende vincular aquello que damos cuenta mediante un acto de percepción interna, con lo que subyace en nuestro interior, con aquello que hemos adquirido y hemos introyectado sin habernos dado cuenta.
El maestro guía a los discípulos desde una dependencia temporal absoluta, donde el maestro marca tanto la
duración de la secuencia como el ritmo gesto-respiración, hacia una autonomía temporal en el que el alumno es dueño de su tiempo, de su particular universo. Un cosmos propio que puede tener una duración ilimitada y que tiene una mayor duración en base a la maestría del discípulo, mayor duración a mayor maestría; teniendo en cuenta que una mayor experiencia facilita la lentitud de las acciones motrices. Tan sólo la fatiga del discípulo o la disponibilidad del espacio delimitarán su prolongación en el tiempo. Un universo anclado en un tiempo cíclico, sin memoria, donde los resultados y rendimientos de los discípulos no se miden, no se comparan. Cada momento es importante y como tal ha de vivenciarse y entenderse. Independientemente de la maestría de cada discípulo, nadie gana, nadie vence. Todos son iguales, todos son amigos, todos son miembros de una misma colectividad.
La rutina de competición se realiza atendiendo al tiempo establecido por la Federación Internacional de Taichi para su ejecución (tanto mínimo como máximo), que marca la duración de la secuencia al que deben adecuar el ritmo gesto-respiración. Este tiempo varía en función de la rutina a realizar.
La competición, estructurada por un sistema de clasificación en base a una puntuación donde impera el
código estético filosófico, persigue un ranking o clasificación de todos los participantes. Para ello los participantes compiten y son valorados en base a tres aspectos con una nota de partida sobre diez puntos: acciones motrices de pies y brazos seis puntos, coordinación del las acciones (armonía) dos puntos y velocidad, estilo y espíritu dos puntos.
Se guarda memoria de cada actuación, por lo que podemos decir que el tiempo es lineal, una linealidad
marcada por el programa del campeonato. Un programa basado en los tiempos de ejecución impuestos para cada participante. Pero la realidad competitiva muestra una dimensión oculta, un contexto paralelo fundamentado en las vivencias de los participantes y los iniciados en la actividad donde la competición se concibe como un examen donde poner a prueba el trabajo introyectivo, un examen que tiene sentido en tanto que se mide con uno mismo. Por ello la puntuación obtenida le aportará información sobre su puesta en práctica de todo lo aprendido: una puntuación baja denotará un inadecuado trabajo introyectivo y una rutina errónea. El participante mediante la puntuación obtiene información sobre el grado de maestría en la actividad, un nivel que es incomparable en tanto que todos han vivido la introyección, a pesar de haberlo hecho con diferente profundidad. La comparación carece de sentido, el objetivo es seguir trabajando para lograr un mayor nivel de maestría. Viven el momento y esta situación hace que pierdan la noción
del tiempo y se les haga corto: “disfrutas tanto y estás tan inmerso en tu mundo que hace que los tres días que dura la competición se te queden cortos. Pierdes completamente la noción del tiempo .
La realidad temporal por tanto solapa dos contextos diferentes que conjugan el tiempo cíclico y el lineal,
siendo cíclico en las sesiones y de doble vertiente en la competición; desde el punto de vista del participante lavivencia del momento es lo realmente importante y la puntuación obtenida aportara información sobre el nivel de maestría logrado. Cada participante intentará superar su particular examen de grado, utilizando para ello la mejor arma y el mejor camino que conoce: la introyección. Por todo ello podemos decir que el tiempo en el taichi pasa por ser cíclico, para los competidores, y lineal a la vez en tanto que la observación realizada por la sociedad, como espectadores de la competición, mirará la clasificación de resultados realizada en base a la puntuación. La calificación numérica determinará que el ganador sea quien logre el escalafón más alto en el pódium, aquél que consiga la perfección en el código estético, en la acción motriz. Esta dimensión acerca al taichi a actividades como la gimnasia rítmica, la natación sincronizada o el salto de trampolín, donde la valoración del código estético de la acción motriz arrojará el resultado de la competición. Dichos deportes han logrado una estandarización y deportificación en tanto que han fijado elementos imprescindibles y evaluables objetivamente en las composiciones coreográficas. El taichi, a diferencia de dichos deportes, incorpora un elemento un tanto subjetivo, el espíritu, que se mide a través de otros
mecanismos incorporados en la evaluación. Este elemento puede generar discordia en tanto que elemento subjetivo y no evaluable directamente, componente que dificulta su estandarización y deportificación. En todas estas modalidades deportivas, la estandarización de modalidades competitivas facilita su homogeneización, reduciendo así las posibilidades del taichi en tanto que actividad heterogénea y diversa.
Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (EHU-UPV)

lunes, 14 de julio de 2014

3 ejercicios para sentir el Dantian.

3 ejercicios para sentir el Dantian.

1. Bajar el corazón al dantian.
Nos colocamos de pie, con el cuerpo natural y relajado y los pies separados a la distancia de los hombros. La columna vertebral se yergue sin tensión y los brazos cuelgan sueltos. Respiramos con naturalidad.
Durante la inspiración, llevamos el aire y la energía hasta los pulmones y el dantian umbilical, mientras levantamos los brazos lateralmente hasta la altura de la cabeza. En la espiración, las dos manos se sitúan delante el pecho con las palmas hacia el suelo y van presionando lenta y gentilmente hasta delante del ombligo. Mientras, dejamos que el aire salga suavemente por la nariz o la boca. Con la intención imaginamos cómo la energía del corazón y de los pulmones desciende por el interior del cuerpo hasta el dantian abdominal, como si el propio corazón descendiese hasta el bajo abdomen. Repetimos un mínimo de nueve veces.
Atención: al inspirar no debemos imaginar que el corazón vuelve a ascender.

2. Unir los tres sentidos en el punto original.
En la misma postura que en el ejercicio anterior, se sitúa las manos ante el ombligo, como sosteniendo una esfera muy liviana. Con una mirada interna, fijamos la atención visual en el interior de la esfera, usamos los oídos para escuchar la esfera y la intención para sentir la esfera. Con la práctica, notaremos una agradable sensación de calidez y hormigueo en las manos. Debemos practicar muchos días hasta que esta sensación aparezca automáticamente. Sólo entonces podremos trasladar la esfera al interior de nuestro dantian abdominal, y practicar el mismo ejercicio de "mirar la esfera, escuchar la esfera, pensar en la esfera".
Este mismo ejercicio puede practicarse sentado en una silla, en el suelo con las piernas cruzadas, o bien tumbado. En pocas semanas puede aparecer una sensación distintiva de tibieza líquida dentro del dantian, y también fenómenos como presión, espasmos, pinchazos, sensación de peso
y solidez, etc. Dichas sensaciones son beneficiosas y no deben preocuparnos. Nuestro profesor nos ayudará a gestionarlas y a profundizar en la práctica.

3. Hacer rodar una esfera.
En la misma postura que en los anteriores ejercicios, sostenemos una esfera de unos 25-30 cm. de diámetro, esta vez delante del pecho. Tras dedicar unos minutos a "mirar la esfera, escuchar la esfera, pensar en la esfera", empezamos a hacerla girar verticalmente, de modo que las palmas de las manos van girando (una hacia arriba y la otra hacia abajo, una hacia delante y la otra hacia atrás) con lentitud y relajación, sin llevar ningún ritmo respiratorio concreto, girándolas 18 veces hacia el exterior y 18 hacia el interior.
Practicamos este ejercicio varias semanas hasta que aparezca una agradable sensación de calidez y hormigueo en las manos. Sólo entonces podremos pasar a la segunda fase del ejercicio, que consiste en imaginar que al girar la esfera que sostenemos en las manos, nuestro dantian abdominal también gira en la misma dirección y a la misma velocidad. Con el tiempo podremos sentir cómo dentro de nuestro abdomen, una pelota parece rodar al ritmo de nuestra energía.